Sería 6 o 7 de la mañana, hora de levantarme.
Estuve trabajando en el asunto de la participación en el Premio Nacional de Cultura, que me llevaba agotada, lo que era buscar todos los diplomas, certificados, talleres, Órdenes, placas, seminarios, participaciones, charlas, bailes, cursos, teatros, festivales, exposiciones, constancias, proyectos, credenciales, certificados, comisiones, jurado, jornadas, reconocimientos, coloquios, ferias, encuentros, coordinaciones, apoyos, clubes de lectura, publicaciones, ejecución de programas durante mis más de 58 años de mi quehacer en Educación, y sentía el peso de todo lo que me faltaba.
Me volteé en la cama hacia la izquierda y veo a mi mamá parada al lado mío y la oigo, sin oir:
!PÁRATE QUE TIENES TRABAJO!
Me sonreí,
mi mamá, siempre mi mamá,
que no permitía que me atrasara en algo.
Le respondí:
!Ay mamá!,
!ahí voy!
(Tenía años que no escuchaba su voz,
y mandándome a trabajar, menos)
Todos tenemos ese ángel guardián que siempre está pendiente.
































