Estos son mis secretos, mi biblioteca, frases, relatos, historias y cuentos, que celosamente he guardado en mi nube, de los lugares donde he trabajado como maestra, en Venezuela, que ha llenado mi vida de satisfacciones; poesías que han salido del fondo de mi alma para botar con sus letras mi deslastre. ¡¡¡¡Que entre la vida de nuevo!!!! Y como Pablo Neruda: "Confieso que he vivido"
miércoles, 21 de julio de 2021
EL ENGAÑO
martes, 20 de julio de 2021
LA MENTOLADA
Cuando la quinceañera estaba pequeña como de dos o tres años, porque era muy tremenda, decidió untarse de mentol una vez que decidí acostarme un rato, empezó por los pies, las piernas y así continuó con todo el cuerpo, los brazos, la cara, el pelo, los ooojos, las pestañas, la barriga, los glúteos, los dientes, fue tanto que el pote se terminó.
todo estaba tranquilo, había, paz, silencio, yo estaba ya agarrando el sueñito descansando en mi habitación, cuando la muchacha me llega tiritando de frío como un pollito: pi pi pi pi, abu abu abu; la agarro y la toco que está toda empatucada de mentol, me la llevo inmediatamente al baño y le doy otra refrescada de agua fría, enjabonándola bien, sobre todo el pelo que tenía pedazos de mentol y ella llorando y gritando del frío que tenía; inclusive yo no hallaba ni como lavarle la cara, las pestañas, para que no le cayera jabón dentro del ojo, pero que caray si ya tenía mentol.
Una vez que la saco del baño, la seco bien y la enrollo en una cobija gruesa, la pongo en su cama amenazándola con que si se levantaba de allí se atuviera a las consecuencias, ¡pero no!, ¡estaba temblando de frío! y se quedó tranquilita.
Al rato se levantó como si nada hubiera pasado, a continuar con su proceso de experiencias vividas.lunes, 19 de julio de 2021
LOS 15 DE GABI
domingo, 18 de julio de 2021
QUINCE AÑOS
miércoles, 14 de julio de 2021
REMANSO-POESÍA
tesoros de palabras
para expeler el frío
del fondo de mi alma
la fuente de mis ojos
observar mi entorno
soñar con las alturas
Reparar sutilmentemi desecho corazón
con cristal intangible
de un mundo superior
de una vez a mi alma
abrirle senderos
repletos de esperanza
Obstruir las entradasde mis manos abiertas
para desviar sus rayos
benignos hacia mí
Sujetar la riendade mis apasionamientos
en la lucha intensa
de cada despertar
Retornar mis huellashacia su propio centro
donde haya resguardo
de calor nirvana
Y así, en el remanso
de aguas transparentes
tomar, convertir
la nostalgia en gozo
martes, 13 de julio de 2021
MÉDICO Y SANTO
Un intelectual venezolano, cuya muerte dejó un gran vacío en la ciencia, en la religiosidad y en las letras, colaborador también de "El Cojo Ilustrado" en su camino diario al hospital donde trabajaba, pasaba todas las mañanas ante una humilde casita donde solía jugar un grupo de chiquillos, donde correteaban, jugaban con pelotas de papel, papagayos con pabilo, perinolas, aros de metal y otros.
Un día pasando por ahí, los miró y se detuvo a verlos en sus correrías y echó de menos a uno rubito y alborotador, al siguiente día se detuvo igualmente a contemplarlos, pero tampoco lo descubrió, por lo que le preguntó a los otros:
-¿Dónde está el rubio?
-¡Ha enfermado señor!
Le respondieron, dicho esto, entró en la casa y en la última habitación, acostado en un lecho constituído por un montón de guiñapos, vio que yacía el enfermito, por lo que inquirió a la mujer que lo velaba, una humilde trabajadora, que asistía con cariño a su hijo, por lo que le pasaba, le respondió que... un... curandero....,
-¡Bien!, dijo nuestro hombre:
-¡Desde hoy le cuido yo!
-¿Y quién es usted?, replicó la interpelada,
-¿Yo? ¡Un médico!, se limitó a contestar.
Aquel ángel tutelar se llamaba José Gregorio Hernández.
Poco después, el Santo venezolano, visitante, que se complacía en aplicar a las almas, como a los enfermos de su clínica, la terapéutica que en cada caso convenía, volvía cargado de alimentos, golosinas y juguetes. Al despedirse dejando al niño gozoso y tranquilo, como resucitado con aquella medicación original, sosegó a la madre con estas palabras:
-¡Su hijo no está enfermo!
-¡Su padecimiento se llama "tristeza de la miseria"
Diagnóstico verídico que sólo podía ser formulado por quien además de ser Médico, era un Santo!
domingo, 11 de julio de 2021
LA ASESINA
Los 18 de noviembre de cada año, celebramos en Venezuela el día de La Alimentación; durante toda la semana estamos enseñándole a los niños acerca de una alimentación balanceada, con los tres grupos alimenticios, o preparando recetas facilitas en la escuela, donde los niños se vestirán de cocineritos y prepararán un alimento junto con el maestro; realizarán entre todos una cartelera alusiva a la fecha y se concluirá con una buena ensalada de frutas o una torta o cualquier otro alimento donde los representantes pondrán sus mejores ofertas.
Bueno, lo cierto del caso, es que ese día 18, debía ir a Los Teques a resolver algo de administración, después de atender a los niños en la escuela. Como yo sabía que tenía que cortar muchas frutas, pues me traje de la casa un cuchillo grandote que más parecía un machete, lo metí en una cartera grande, junto con todas las carpetas y papeles que debía entregar. Lo envolví en periódico y lo amarré con pabilo para que no se abriera, debe ser que en ese tiempo yo no conocía el tirro.
Terminé mis actividades en la escuela, el Grupo Escolar Miranda y salí disparada para El Terminal de Ocumare del Tuy, que me llevaría hasta Charallave y de ahí a tomar el autobús para la capital del estado; en mi cartera reposaba tranquilamente el.... cuchillo, pero yo no me acordaba. Cuando veo que la supervisora de los autobuses estaba fotografiando a los pasajeros y chequeando las carteras por si teníamos objetos de metal, el corazón me pegó un salto que casi me desmaya, rogando a mis protectores que ocultaran el metal del cuchillo al detector de metales....pasó la muchacha por mi cartera y el aparato no hizo ni pío......pensé: - ¡Ese aparato no sirve!, pero no recordaba la petición que acababa de hacer.
Llegué a Los Teques y esperé un taxi, pidiéndole al chofer que por favor me llevara hasta la Zona Educativa, que quedaba cerca de la Plaza Bolívar, una o dos cuadras más arriba; cuando nos desviamos hacia la autopista, le dije al chofer: -¿ Señor, Usted se quedaría con algo que tengo aquí, en la cartera, y no puedo seguir con eso aquí?, como yo estaba en la parte de atrás del vehículo, el hombre voltea, con una cara de susto, que los ojos casi se le brotan, me responde: -¿QUÉ?, yo le expliqué que era maestra y que habíamos celebrado hoy el día de la alimentación y ...bla..bla...bla... saqué el cuchillo de la cartera y se lo enseñé. Que no podía seguir con el cuchillo porque tenía miedo de que de vuelta el detector de metales lo percibiera y me quedara detenida en algún lugar del mundo. Él todavía con los ojos saltones y tragando en seco, sólo asintió con la cabeza; yo sin más puse el cuchillo donde están los controles, en el medio de los dos asientos y me volví a sentar para atrás, recostada; desde ese momento hubo un silencio pesado, hasta que llegamos a mi destino y me supongo que el pobre hombre pudo respirar cuando me bajé del carro, pensando siempre que estaba viajando con una asesina.





















